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MI EXPERIENCIA EN EL LAICADO ADORATRIZ

23 abril, 2021

Me han pedido que escriba sobre mi experiencia personal como laica adoratriz, voy a hacerlo de la única forma que puedo, abriendo mi corazón.

Hace ahora unos veinte años, entre a formar parte del claustro de profesores de un colegio adoratriz. Desde pequeña había crecido en el seno de una familia religiosa, con el acompañamiento de dos religiosos agustinos en mi entorno. Ni que decir, que al terminar la carrera de Filología Inglesa no sabía lo que iba a hacer, pero de dedicarme a la enseñanza quería fuera en un centro religioso. Y claro a poder ser de carisma agustiniano o salesiano, ya que en mi adolescencia forme parte de un grupo juvenil. Lo que os puedo asegurar es que en mis planes no estaba hacerlo en un centro adoratriz.

Fue hermana María Muela la que me hizo la entrevista de selección para el puesto. Ella recuerda mucho este momento y me ha dicho muchas veces, que vio algo en mí y que no dudo ni un minuto. Hoy en día la considero una amiga espiritual y sé que ciertamente ella confió en mí y que habría alguna razón para ello, que Dios sabe mejor que yo.

Y así comenzó mi vida en la familia adoratriz. Cuando al principio conocí el carisma he de confesar que no me sentía atraída a él y echaba de menos la labor con jóvenes. Por esta razón me era difícil vivirlo y también transmitirlo, sentía que hablaba de algo ajeno a mí, como quien habla de las maravillas de un mundo lejano que jamás ha visitado.

Si hay algo en lo que siempre me he esforzado en mi vida es por vivir con coherencia, esto me llevo a seguir indagando y acercándome cada vez más a la pastoral adoratriz.

Al echar la vista atrás, veo que ha habido muchos momentos que me han ayudado a despertar mi curiosidad hacia el carisma adoratriz, sobre todo momentos de contacto con las hermanas. Mujeres que han vivido y viven en tierra firme, como dice Olaizola “con pies de barro y corazón de fuego”, que transmiten el carisma con sus obras. Mujeres que desde la fragilidad humana acogen, y que te saben mirar con amor, con profundidad. Que te abran su corazón y su nevera. Cuantos bonitos recuerdos de la casa provincial en Madrid, me encantaban sus comidas casi siempre había algo de alguna parte lejana del mundo. Pero sobre todo las personas que se ven allí, poner rostro a esas realidades de las que hablamos en la pastoral del colegio pero que no conocemos de primera mano. Realidades de las que oímos hablar o vemos en los medios de comunicación. Para mí fue importante empezar a poner rostro a esas historias. No recuerdo su nombre pero una ocasión conocí una joven, no tendría más de veinte años, cojeaba. Al preguntar por su cojera me explicaron que era víctima de la trata y estaba así por las palizas recibidas, estaba a la espera de una operación. Que distinto mirar la realidad cara a cara y ponerle un rostro.

Pero sin lugar a dudas, era la adoración la parte del carisma que más me traía de cabeza. No entendía que harían las hermanas tantas horas en silencio, para mí no tenía mucho sentido. He de confesar que esto poco a poco fue también cambiando y que experiencias tan llenas de vida las adoraciones de los campamentos, en contacto con la naturaleza, donde todo se conecta de forma natural. Aunque ha sido en un proceso muy reciente que comenzó hará algo más de un año, que todo esto también ha cobrado una visión bien diferente. Así como le paso a Micaela, he podido conocer a Jesús, pero de verdad, en persona. Como si hubiera recorrido cada camino polvoriento de Galilea y me hubiera a todas las barcas de pesca del lago Tiberiades. Como ella, con la gran ayuda de la espiritualidad ignaciana, a través de unos ejercicios y un acompañamiento. Ahora todo se me revela con más claridad, claro ahora entiendo tantas frases de la Santa, decía que le costaba salir de la adoración y que pasaba allí largas horas. ¡Normal! Qué bien se está a su lado, cuando amas a alguien solo deseas estar con él, todo el tiempo que sea, así en intimidad, donde no hay secretos pues todo está bien como esta.

Cada carisma es riqueza para la iglesia, pero que grande que se Él quien nos reúna a todos.

Para concluir deseo agradecer a cada una de las hermanas que Dios ha puesto en mi camino, por lo que Dios me ha transmitido a través de ellas. En especial a Toñi, es mucho lo que he aprendido de ella, hay frases llenas de sabiduría que solo pasado un tiempo, cuando se han aposentado en mi alma, he entendido en plenitud. En un viaje a Sevilla recuerdo me dijo: “Cuanto más conozcas a Dios y te acerques a Él, más querrás conocerle y acercarte, no podrás parar” Hoy puedo decir que es muy cierto en mi vida espiritual.

Gracias a todas y cada una de las vidas entregadas por amor, por amar sin medida a quien tanto nos ama. Sé que este camino aún no ha terminado, es más siento que jamás terminara y que la aventura apenas acaba de comenzar, que todo sea para mayor gloria suya con la luz de nuestra querida Micaela.

Ruth Puga

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