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Entrevista a la Hna. Teresa Valenzuela, Superiora general de nuestra Congregación

21 abril, 2020

Hna. Teresa, comenzamos preguntándole cómo están viviendo en la Casa General esta situación tan extraordinaria.

Al Equipo general esta situación de confinamiento por el COVID 19 nos encontró a cada una en diversos lugares: Roma, Valencia y Madrid y por supuesto, nos cambió toda planificación e itinerarios que implicaban movilidad. Nos hemos  reorganizado y adecuado a esta situación realizando nuestra tarea de servicio a la congregación por otras vías.

En un primer momento hemos vivido el desconcierto e incredulidad ante una situación de tal gravedad y dolor cuyas dimensiones globales nos resulta difícil comprender y reclama toda nuestra capacidad de asimilar la impotencia y el dolor que está causando a tantas personas.

Todas, cada una en la comunidad donde le cogió el confinamiento lo estamos viviendo con serenidad procurando crear clima de oración y fraternidad, de esperanza.

Las que estamos en Roma, estas circunstancias nos están dando ocasión para un mayor compartir con la comunidad, todas hermanas mayores, tratamos de hacer que todo sea lo más llevadero posible junto a las chicas del proyecto La Giara, que viven en casa.

Vivir una Cuaresma en cuarentena ha supuesto una vivencia doble en  intensidad. La liturgia nos ha acompañado e iluminado en nuestro caminar, especialmente este tiempo pascual motiva y fortalece nuestra esperanza. Leer, escuchar a Jesús que nos llama a no temer en estos momentos cobran más sentido, que “no se turbe vuestro corazón” hace experimentar su cercanía y el regalo de Su Paz.

Durante las  celebraciones de Semana Santa presididas por el Papa Francisco, a través de la TV me he sentido especialmente sobrecogida verlo en esa soledad y vacío aparente de la Plaza de San Pedro porque con el corazón  éramos multitud que estábamos presentes. Unidas al Papa hemos pedido por el mundo y por todos aquellos que están sufriendo a causa del virus: pensar en la soledad de quienes fallecen sin el consuelo de sus seres queridos o no poder despedirles…me parece muy duro!

Entiendo que intentará estar en comunicación con las provinciales para conocer la realidad en las distintas realidades de la congregación.

 Por supuesto! Dado que es imposible movilizarse a ningún lugar la vía que tengo a mano es la virtual: internet es el milagro que hace de puente para crear y mantener la comunicación: cartas, Skype, wasaps, email, teléfono, móvil, todo en activo para mantener el contacto con hermanas de los 25 países donde desarrollamos en la actualidad nuestro carisma para acompañar, consolar, animar.

Ha sido muy importante conectar con cada comunidad y saber cómo está, y animarlas a que tomen las medidas de cuidado con responsabilidad y esas cosas.

Deseo que todas nos sintamos unidas y cercanas como familia congregacional que somos y expresarles mi particular preocupación y disponibilidad, especialmente a las Superioras provinciales y Delegada para lo que necesiten.

En este contexto de dolor, varias hermanas y personas laicas de la congregación han fallecido.

 En una situación de esta magnitud nadie estamos libre de contagio. La primera que se contagió fue una Hna. de una de las comunidades del norte de Italia. A día de hoy damos gracias a Dios porque le ha ganado la batalla al virus y está ya en casa.

El virus entró  hace unas semanas,  a nuestra comunidad de Ávila, casa de Hnas mayores, por tanto muy vulnerables a esta pandemia, donde cinco de ellas no pudieron superar la infección. La partida de nuestras hermanas ha causado mucho sufrimiento a toda la congregación. Esta pandemia mantiene el corazón de todas en vilo, la humanidad sufre y no podemos sino dolernos de tanto sufrimiento que está generando.

Estamos muy unidas en la oración por los familiares de hermanas y personas laicas de algunas comunidades y proyectos, sacerdotes, amigos, etc. afectados.

Por otra parte, la gran mayoría de los proyectos de Adoratrices no se han detenido. Ante una crisis de estas características los más débiles son, como siempre, los que más sufren.

 Por supuesto. Las comunidades han continuado la atención y acogida a las mujeres en los Proyectos, cumpliendo con la normativa de confinamiento que establece cada país.

La situación es tan seria que pide de todo el mundo responsabilidad y compromiso solidario. Cuánto más con quienes son ya vulnerables, como nuestras mujeres.

Adoratrices tenemos en Santa Micaela un hermoso ejemplo de radicalidad y entrega. Ella se arriesgó a viajar a Valencia,  en plena epidemia de cólera, para acompañar a las hermanas y chicas que la estaban padeciendo. Una persona quiso disuadirla: también Ud. va a exponer su vida? Y ella sin dudarlo respondió: “Esas mujeres son mis hijas y tengo la obligación de consolarlas y asistirlas”.

Las hermanas y los laicos en los distintos proyectos están haciendo lo posible para estar cercanos a las mujeres que al estar impedidas de salir de sus casas no tienen cómo sostenerse, tampoco pueden venir a los centros entonces se les acompaña telefónicamente o se les visita y se les provee de alimentos y ayudas, según las restricciones de cada país lo permitan. En fin, el amor nos hace creativas, verdad?

Me gustaría destacar y reconocer a trabajadores y voluntarios quienes, en muchos casos, están haciendo frente a la situación en los Proyectos con gran generosidad, compromiso y amor a las chicas. En algunos lugares se han ido a vivir este tiempo de confinamiento a los centros, acompañando a las hermanas.

Le pedimos para concluir un mensaje de esperanza:

 ¡Esto pasará! Lo hemos experimentado, después de la tormenta siempre sale el sol. Es  Misterio Pascual.

Y mientras eso ocurre hagamos silencio y miremos a nuestro interior, tenemos oportunidad de profundizar y acoger esta realidad frágil personal y comunitariamente desde una mirada de fe, desde una mirada que Adora. Jesús nos dice que no se turbe nuestro corazón, que no  tengamos miedo. El es el Señor de la Vida y de la historia.

Como los discípulos en el evangelio, reunidas en comunidad, confinadas/encerradas, tal vez con miedo? Y hablando de El dejemos que nos sorprenda Jesús con Su presencia y el regalo de Su paz. ¡Hagamos que eso pase!

Estamos llamadas a dar testimonio de Jesús resucitado a quienes caminan a nuestro lado, a las chicas, trabajadores, voluntarios, vecinos, en este contexto de sufrimiento, de enfermedad y muerte, a acompañar y consolar. Nos anima la certeza que Él ha vencido la muerte, es el Señor de la Vida… en El nuestra alegría y Esperanza.

En este tiempo de Pandemia el Papa nos invita a “contagiar esperanza. De corazón a corazón porque todo corazón humano espera esta Buena Noticia”. Y la Resurrección de Jesús es la gran noticia. ¡Que nadie nos la robe! ¡Que nada nos impida proclamar esta Esperanza!

 

 

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