CELEBRAR LA VIDA CELEBRANDO LA EUCARISTIA
Como parte de nuestra formación para los votos perpetuos se nos invitó a asistir a un retiro en Madrid. Así que allí nos presentamos Eva, Consuelo y Mª José, sabiendo que íbamos a eso, un retiro. Quien iba a estar acompañándonos en este momento era una hermana de nuestras respectivas comunidades y parte del equipo de formación, así como Nieves Rodríguez que era quien dirigía ese retiro.Fue una grata sorpresa este acontecimiento pues tuvimos la oportunidad de disfrutar de una
celebración de la Eucaristía prolongada en el tiempo. Si. Estuvimos día y medio celebrando la Eucaristía.
Dando sentido a cada una de las partes, preparándonos para el banquete, para la fiesta, siendo conscientes de lo que íbamos a celebrar. Es curioso como todos los días nos acercamos a la Eucaristía llenas de las prisas del acontecer diario y casi como un suspiro pasa, dejándonos un sabor de boca que se escapa de nuestro sentir. Nos adentramos en el pórtico de entrada a la Eucaristía, las formas en que cada una de nosotras tenemos al acercarnos, todo aquello que nos preocupa y mantiene ocupada nuestra mente. Como en toda celebración fuimos invitadas, deseábamos ser invitadas, alguien nos convocó y nosotras acudimos, así nos reunimos y compartimos como comunidad. Y al reunirnos sentíamos el deseo de ser perdonadas, de reconciliarnos y reconciliar y sentíamos la necesidad de escuchar buenas noticias. De estar atentas a lo que el mundo nos dice, a lo que la hermana nos dice, a lo que Dios nos dice. Para llenarnos de El y donarnos, siendo conscientes de lo que la creación nos da, de la acción de las personas en ella y de la acción de Dios a través del ministro para transformar ese pan y ese vino, en Cuerpo y Sangre. Fuimos conscientes de que la Eucaristía es ecología, está en armonía con la creación, sigue un proceso… ¿Cómo es nuestro ofertorio cotidiano? ¿Qué queremos transformar en nosotras mismas, en el mundo, en nuestras comunidades, en la sociedad? Cada una de nosotras siendo conscientes de la creación que se nos ha dado, gratuitamente pusimos en el cáliz aquella realidad que queríamos fuera transformada. Llegamos al momento de la plegaria eucarística reconociendo nuestro deseo de Presencia, de hacer memoria y con ese deseo recorrimos nuestro último año buscando esas presencias significativas, reconociendo aquello que habíamos recibido de ellas y reconociendo el deseo de ciertas presencias en nuestra vida. Rezamos el Padre Nuestro con las palabras del
mismo Dios: “Hija Mía”. El gesto de paz que integra, manos que acompañan las miradas, abrazos que devuelven la ternura. Y llegó el momento del banquete, de ese pan que es ya Cuerpo, de ese vino que es su Sangre. Con un sabor distinto, con una textura nueva.
Sabiendo que somos en EL y nos alimentamos de El. El silencio, el recogimiento para asimilar aquello que nos había pasado, todo aquello que nos ha transformado, sentir-le.
La bendición final con la señal de la cruz que es integradora: de norte a sur, de oeste a este. Todo lo integra.
Desde la Provincia de España Eva, Consuelo y Mª Jose.