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Entrevista a la Hna. Gladys Herbas

1 febrero, 2021

Con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada entrevistamos a la Hna. Gladys Herbas, juniora Adoratriz.

El Papa Francisco expresó “El Año de la Vida Consagrada nos interpela sobre la fidelidad a la misión que se nos ha confiado. Nuestros ministerios, nuestras obras, nuestras presencias, ¿responden a lo que el Espíritu ha pedido a nuestros fundadores, son adecuados para abordar su finalidad en la sociedad y en la Iglesia de hoy?” ¿Cuál te parece que es el papel de las consagradas en la sociedad actual?

Este tiempo nos exige coherencia. La fidelidad a la Misión confiada nos interpela a dar respuestas, a que nuestra presencia exprese actitudes concretas de cercanía y empatía, compromiso con l@s más necesitad@s, a ser generosas con nuestra mirada, escucha y compañía.

Nuestra presencia Adoratriz, las obras que acompañamos, lejos de encerrarnos y acomodarnos, nos demandan renovarnos, dejarnos animar por el Espíritu que animó a Santa María Micaela. Nuestra Congregación intenta responder a las nuevas realidades que se nos presentan y gritan liberación. Ofrecemos a la Iglesia y la sociedad nuestra Misión de Adoración – Liberación, acompañadas de Laicos comprometidos que comparten el carisma y enriquecen la Misión.

Tengo la certeza hoy más que nunca, que el papel del consagrado es transmitir esperanza, anunciar la Buena Noticia, hacerlo con gestos sencillos y actitudes que humanicen y liberen, desde el encuentro con el otro, la mirada empatica y la escucha atenta. Somos portadoras de una gran riqueza que es la Fe y ésta es para compartir.

A su juicio, ¿Cuáles cree que son los principales desafíos a los que se enfrentan las consagradas en el mundo de hoy?

Creo que principalmente nos enfrentamos al desafío de dotar de sentido y transmitir al mundo, la vitalidad de nuestra Consagración, hacer de nuestra opción de vida en Castidad, Pobreza Y Obediencia, presencia Humana de Dios; ser signos de esperanza y transmitir la alegría del Seguimiento. En estos tiempos donde todo es pasajero y las relaciones tienden a ser superficiales, otro desafío, es vivir el valor de la fraternidad y la interculturalidad, superando las búsquedas de poder que nos presenta la sociedad. Estamos llamadas a crecer en el servicio compartido, abriéndonos a la riqueza de los diferentes carismas que Dios nos regala.

En el plano más personal, cómo explicaría a nuestros lectores su proceso vocacional

Mi proceso vocacional fue y es, una experiencia de gran ternura de nuestro Buen Dios, mediada en personas concretas, de fe sencilla y mucha fortaleza y fidelidad. Dios me fue presentando y llamando a través de mujeres que me abrieron sus corazones y me permitieron acompañarlas, puedo decir con alegría que Ellas hicieron obras grandes en mi, son las alfareras que Dios me ha regalado, llevándome a re-encontrarme con Jesús Eucaristía, humano y sencillo. A partir de allí fui haciendo proceso de Liberación, abriéndome y descubriendo mi identidad, mi ser Adoratriz.

Comencé siendo laica; durante muchos años compartí la vida, con las Hnas. y las chicas. Pude sumar con mis dones, creatividad. Podía entregarme al servicio, tener mi trabajo, mi familia, una vida social activa, mi lugar en el mundo, sin embargo algo me faltaba.

Jesús cada día me fue interpelando más y más, intente hacer oído sordos, sin embargo, fue cuando más amada me he sentido. El llamado a seguirlo, a consagrar mi vida como Adoratriz latía muy fuerte. Comencé el discernimiento, una hermosa experiencia de escucha a Dios y a mí misma.
Dios bendice todos los caminos, nos da la libertad para andar y aunque algunas dificultades surgieron, Dios tiene sus tiempos y finalmente, me entregue.

Tenía todo lo que una persona de 38 años podía necesitar, pero me faltaba la plenitud. Fui muy feliz al dejar todo, hoy soy más feliz consagrando mi vida a Dios por ellas. Hay días que cuestan, pero lo importante es tener la mirada en Jesús y el saber que le pertenecemos. El discernimiento y la decisión, son actitudes cotidianas que ayudan en el seguimiento.

Qué claves fueron vitales en ese proceso

Una clave grande y vital es la fe, don de Dios, que me sostiene y me anima cotidianamente.

La búsqueda constante en el encuentro con Dios, con su Palabra y la oración, fueron y son pilares en el proceso.

También fue vital el discernimiento y el acompañamiento, fue un proceso que me exigió apertura y transparencia, con migo misma, con quienes me acompañaron y ayudaron y enseñaron a caminar.

Considero de suma importancia el testimonio de entrega y fidelidad de tantas Hermanas Adoratrices, que desde el servicio me hablaron de Dios, me enseñaron el sentido de la entrega. Súper importante fue trabajar mi historia personal y descubrir en ella el paso de Dios, releerla y abrazarla.

Claves vitales que me permitieron expresar y vivir con alegría, confianza y sencillez, el hermoso camino de decir si al llamado de Dios, respuesta que ciertamente es cotidiana.

Entiendo que el carisma y la misión de Micaela tuvo mucho que ver…

El Carisma Adoratriz, hizo su obra en mi, de la mano de ellas, mujeres vulneradas pero muy valientes, que me enseñaron a ver más allá de las apariencias, me mostraron a Jesús herido y vulnerado caminando al lado mío. El Carisma es un Don que Dios regala y es gracia que sostiene.

La Adoración, fuente que nos impulsa a amar y servir, nos hace salir a las periferias que nos rodean, porque no hay que ir tan lejos para encontrarse con la vida que clama liberación, solo basta con abrir la puerta de nuestras casas.

Santa María Micaela, mi gran compañera de camino, mujer audaz que dejo todo por amor a Dios, es testimonio de vida e inspiración porque lo tenía todo y entrego todo por amor. Supo dejarse encontrar por Dios y abrazar su Voluntad, dejarse transformar por Dios y ser fiel hasta el final de su vida, expresando con su entrega su anhelo «Solo he solo por Dios y para Ellas».

Estamos viviendo una etapa de crisis vocacional en Europa y un estancamiento en otras partes del mundo. ¿Cómo afrontar esa realidad?

Esta realidad responde a que nuestra sociedad presenta otros valores, teme a los compromisos a largo plazo, ansiosa de nuevas experiencias. La gran solidaridad que va surgiendo es quizás un espacio de oportunidad para afrontar este escenario. Ser creativas e instrumentos de Dios es la propuesta.

Para concluir recordamos el lema de este año «La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido». Qué le evoca este mensaje.

La vida Consagrada, está llamada a caminar con otros. Quisiera dar gracias por la generosidad de tantas hermanas y hermanos nuestros, que día a día entregan su vida por los más necesitados, concretamente en este tiempo de pandemia, cuántos son lo que impulsados por el Espíritu, se han re-inventado, uniendo fuerzas y arriesgando la propia vida para ser samaritanas y samaritanos junto a sus hermanos que sufren.

Doy gracias a Dios por el Don de mí vocación Adoratriz, Esclava del Santísimo Sacramento y de la Caridad, un nombre lleno de vida y sentido, que completa e impulsa mi humanidad.

 

 

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