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Entrevista a la Comunidad de Camboya

3 julio, 2020

Fue en Asia donde comenzó a notarse la gravedad del Coronavirus, ¿Cómo vivieron las primeras noticias relacionadas con este virus?

En Camboya se cerraron los vuelos con China a finales de enero 2020. Hay que recordar que teníamos vuelos directos diarios a Wuhan.
Temíamos en aquel momento el regreso de las personas que habían viajado a china o Vietnam para celebrar el año nuevo chino. Pensábamos que se podrían producir brotes, y en poco tiempo vernos sumergidas. Pero no fue así. Y aunque habíamos empezado a hablar de posibles medidas, al no constatar casos, todo se quedó a la espera de ver qué pasaba en los pais fronterizos con China. La sorpresa fue ver que donde explosionaba la pandemia era en Europa.

 ¿Cuáles fueron las primeras medidas qué tuvieron que tomar relacionadas con su actividad?

Cuando empezamos a ver las terribles cifras en Italia aunque en otros países aun no parecía la cosa tan grave, nos sentamos a planear. La primera medida fue sensibilizar a nuestro equipo para que a su vez ayudase a que tomásemos medidas conjuntas para proteger a las mujeres más vulnerables por estar embarazadas o por enfermedades diversas y a recién nacidos. En fin todos corríamos el riesgo. Y el primer tópico que tuvimos que romper fue la idea que esto era una enfermedad de extranjeros.

De hecho los primeros casos en el país eran de personas que habían estado viajando o turistas de paso.

Mostramos estadísticas de otros países, recordamos la realidad sanitaria del país, y la necesidad de medidas higiénicas y de distanciamiento. Los carteles publicados por el Departamento de Asuntos Sociales del país, en lengua Khmer y vídeo de sensibilización en la calle, televisión, y multimédia, permitieron que fuese una realidad más visible. A la que también la población local se tenía que preparar desde la prevención. Porque no existía riesgo cero.

Esto nos ayudó a implantar un protocolo estricto en desinfección de productos que llegaban de fuera. Reducción al máximo imprescindible de visitas externas, y salidas. Lavado de manos y pies a cada llegada a casa. Y la realización de talleres de limpieza, higiene y de confección de máscaras para tomar consciencia de la necesidad de cubrirse y protegerse. Una forma también de plantearse alternativas ante el coste desmesurado de las máscaras en los primeros momentos, por falta de abastecimiento.

En la etapa de confinamiento, ¿cómo pudieron organizarse para atender los proyectos?

Aquí en realidad no hubo confinamiento de hecho nunca se cerraron los mercados, tiendas restaurantes. Notamos que algo había cambiado y que el riesgo se había convertido en algo más real, por el cierre de escuelas, universidades, templos y paulatinamente de muchas fábricas.

Y el peligro topo de frente cuando se anularon las fiestas del nuevo año Khmer del 13 al 16 de abril 2020. Días antes se cerraron las carreteras entre provincias para que el habitual flujo de la ciudad hacia los pueblos, y de la capital hacia otras provincias no se produjese.

Algo estaba pasando, pero terminadas las fiestas todo pareció volver a su normalidad. Y a pesar de que muchos migrantes que generalmente vuelven a casa para las fiestas, no regresaron a sus trabajos en países fronterizos. Seguíamos considerando que el Covid 19 solo era una enfermedad de extranjeros. De hecho lo notábamos por algún comentario, o por ciertas actitudes de la gente local. Y evidentemente se podía entender este miedo. Siempre te ofrece seguridad el creer poder identificar y dar cara al peligro, para intentar evitarlo.

Pero el virus siguió siendo invisible. Y durante muchos meses nos planteamos que nos estaba salvando el tremendo calor que hace por estas tierras y nuestra costumbre de saludarnos juntando las manos sin tocarnos…

Se trata de una comunidad internacional formada por hnas. de Europa e India. ¿Cómo han vivido desde la distancia la situación en sus países de origen?

Nos tocó primero a las hermanas de Europa, cuando vives de lejos una situación de peligro para la gente que aprecias y quieres, todo se vive con más intensidad. Estar al tanto de las medidas que se van tomando para prevenir riesgos, pedir noticias de lxs que enferman, y de cómo van evolucionan. Orar por lxs conocidxs y por nuestro mundo en general. Y estar al tanto de lxs que llevan mal el proceso de confinamiento. Si ciertamente hemos mantenido contacto con nuestras comunidades y nuestras familias y amistades. Las jóvenes que hemos acompañado años atrás también han hecho parte de nuestras preocupaciones.

Algunas nos han ido compartiendo por las redes como lo estaban viviendo. Y ciertamente el estrés generado ha despertado en algunas mujeres recuerdos, crisis de ansiedad, experiencias de profunda inseguridad y en algunos casos de sentimientos de muerte inminente. “me voy a contagiar”…”me voy a morir”. En algunos casos hemos tomado contacto con lxs compañerxs en situ para que tuviesen en cuenta a alguna mujer que ya había salido de nuestros programas.

Compañeras que han visto su trabajo multiplicarse por dos en estos tiempos porque además de tener que gestionar su propia realidad personal, les ha tocado ser creativas para atender a esta nueva realidad. A las mujeres en situación de explotación y violencias diversas, de más difícil acceso, pero también recordar y retomar contacto con las antiguas para ver si todo seguía bien. Y cierto la pérdida del trabajo y las dificultades económicas son dificultades añadidas, a este miedo por su salud y la de su gente.

Y a la vez que nos íbamos alegrando con pequeños detalles, a pesar del dolor, y por lo bien que muchas menores y mujeres estaban llevando el confinamiento en las casas de acogida. Y también por la reactividad de ciertos proyectos y comunidades. También hemos sufrido de lejos por tanta gente conocida y desconocida, por las emociones y observaciones relatadas y compartidas. Y cuando todo parecía ir mejor en algunos países de Europa, hemos visto como nuestra gente de India, de Ecuador, de UK, de Marruecos, y en realidad de cualquier esquina del mundo han ido contaminándose. Y sufriendo pérdidas humanas irreversibles.

Hemos seguido orando y tomando noticias de “nuestra gente” pero hemos dejado de mirar las cifras diarias, aunque las sigamos escrutando a menudo. Porque no está en nuestras manos cambiarlas, y porque en nuestra realidad local, no hay que deplorar muertes por ahora pero si perdidas económicas que ponen en situación de extrema pobreza y riesgos diversos a poblaciones que lograban hasta ahora generalmente sobrevivir dignamente.

 ¿Cómo está ahora la situación? ¿Han podido recuperar ya la normalidad en el día a día?

Estamos entrando en el tiempo del monzón, con fuertes vientos, y con lluvias es decir que bajan también un poco las temperaturas. Y el riesgo de resfriarse es mayor. Lo cual hace presuponer que tenemos que aumentar la cautela porque los riesgos podrían aumentar en estas próximas semanas. De hecho, en estos días las estadísticas de contagios han subido. Si a principio de semana pasada contábamos con 128 casos, y 126 personas recuperadas y ninguna pérdida humana. Iniciamos julio 2020 contamos con nuevas afectadas.

El gobierno por prudencia ha vuelto a retrasar la vuelta al cole, no se prevé hasta enero 2021. Suponemos lo mismo para los templos, y poco se podría decir de las 160 fábricas que han dejado a más de 150 000 personas sin empleo. El sector turismo no tiene perspectivas en los próximos meses, mientras se mantengan políticas disuasivas para protegerse de la pandemia. La pregunta para muchas familias y emigrantes que han regresado al país, es: ¿cómo generar recursos para sobre vivir en estos meses?

Queremos conocer un poco sobre su labor en presencia. ¿En qué áreas trabajáis?

Seguimos desarrollando nuestra misión, de acoger y acompañar a las mujeres víctimas de diversas formas de violencias y explotación. Un trabajo en red con diversas organizaciones que trabajan en el campo de la protección, de la salud, física y mental, de la maternidad, y del tráfico de personas.

En estos meses muchas organizaciones han cerrados sus actividades durante semanas, y algún caso meses. Y algunas siguen cerradas. Por nuestra parte aumentando la cautela, no hemos dejado de acoger a las mujeres y a sus respectivos hijos si los tienen, pero nos hemos visto en la obligación de reducir perspectivas de trabajo interprovincial y fronterizo.

Sin duda, a nivel de trata nos encontramos ante uno de los países donde más queda por hacer…

En estos tiempos de crisis, no dudamos que el problema local, sea también mundial aunque ciertamente en lugares con múltiples fronteras y escasos recursos económicos, la vulnerabilidad ya existente genera mayor desprotección y violencia ante la creación de nuevos “mercados”.

La supervivencia, cuando no hay ni acceso a una paga por desempleo supone una llamada a una “mayor solidaridad” y “sacrificios humanos”, y cada cual en su país y fronteras necesitaría abrir los ojos, y el corazón para evitar que lo que empezó como una crisis sanitaria no termine por derruir Derechos adquiridos allí donde los haya.

Tocará pues observar y analizar lo que está pasando. Afín de detectar las realidades de mayor vulnerabilidad y prevenir, intentar reducir riesgos si se tienen los medios. El objetivo sería en estos meses evitar que aumenten exponencialmente hechos de explotación, violencia y / o trata de personas y menores.

 ¿Cómo es acogida allí vuestra labor?

Algunos socios locales nos siguen agradeciendo nuestra presencia y apertura. Pero somos humildemente una comunidad más entre tantas. Y hoy más que nunca, nuestra labor tiene que seguir tejiendo redes para sensibilizar, acompañar dignamente, sembrando esperanza, y perspectivas de futuro.


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