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Cuarta semana del Adviento

19 diciembre, 2020

Nuestro viaje de adviento está casi llegando a su destino, pronto llegaremos a Navidad, para celebrar la encarnación de Dios. Hemos caminado paso a paso preparándonos para la llegada de nuestro Redentor. Al principio de nuestro viaje de adviento encendimos la antorcha de la Esperanza, y luego en la segunda semana construimos los fuertes cimientos de nuestra Fe. En la tercera semana intentamos experimentar la alegría de recorrer el camino de nuestro salvador. Y hoy centramos nuestra atención en el Amor de Dios. Estas virtudes de la Esperanza, la Fe, la Alegría y el Amor son las estrellas que nos  guían para encontrar al Mesías nacido en el pobre pesebre en esta víspera de Navidad.

El Papa Francisco expresa bellamente que, «Lo más importante que puede sucederle a una persona es el encuentro con Jesús: el encuentro con Jesús que nos ama, que nos ha salvado, que dio su vida por nosotros. Y para encontrar a Jesús, estamos llamados a caminar».

En la primera lectura de hoy, David reflexiona sobre su palacio de cedro y lo compara con la sencilla tienda que alberga el Arca de la Alianza, símbolo de la presencia de Dios entre el pueblo de Israel. Él cree que el Arca ciertamente merece un mejor lugar para residir. De manera similar, en el Evangelio escuchamos la vocación de María, el anuncio del ángel Gabriel, de que llevaría un Hijo en su vientre. Como el Rey David, María también preparaba su vientre para que naciera la Nueva Alianza y la convirtiera en una morada para Dios.

Nosotras Adoratrices somos desafiadas hoy a mirar dentro de nuestro carisma y reflexionar, ¿dónde hemos construido la casa para la morada de Dios? ¿Hemos encontrado los tabernáculos en el mundo como el de Micaela? Micaela reconoció la presencia de Jesús en las mujeres marginadas con su dignidad aplastada en la sociedad. ¿Hemos encontrado a estas mujeres en nuestra vida actual para ser levantadas y recibir una vida digna como la que disfrutamos nosotras?  Tenemos el privilegio de estar encadenadas al «Santísimo Sacramento» expuesto en nuestros hogares. En la adoración experimentamos la presencia del Divino Señor, y nos alimentamos espiritualmente de su Fuerza Divina. Y esto no nos impide salir en busca de la oveja perdida. Salimos a proclamar a Cristo al mundo roto. Como San Pablo en la segunda lectura proclama al Mesías sin miedo y con audacia. Nosotras también tenemos la misión de poner en práctica las palabras redentoras de Cristo. Dar a conocer al Señor a los marginados, a los ignorantes y a los que no son respetados en la sociedad.

Este advenimiento nos invita a mirar nuestra espiritualidad eucaristica, a compartir el pan partido con los pedazos del cuerpo de Cristo en el mundo. Como hijas de Santa María Micaela, estamos llamadas a nutrirnos espiritualmente estando físicamente disponibles para nuestras mujeres, manteniendo nuestros sentidos activos en la misión. Acogiendo a nuestras mujeres con comprensión, mostrando cuidado y afecto, escuchando sus historias dolorosas y haciéndolas sentirse dignas, respetadas y valoradas como  mujeres acompañadas en el camino del sufrimiento.

Que esta preparación de la Navidad nos desafíe poniendo en práctica  lo que predicamos  y no sólo  guardando este tesoro de la palabra de Dios sin dar frutos. Como María, somos las favorecidas de Dios, invitadas a cumplir la Promesa de Dios.

                                                                                            Sr. Soniya Bhandari. Mumbai, India

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